miércoles, 12 de enero de 2011

VIDA Y OBRA DE JUAN CORDERO

Juan Nepomuceno María Bernabé del Corazón de Jesús Cordero de Hoyos 
Nace en 1824, en Tezuitlan Puebla, aficionado y dotado para el dibujo desde niño, pudo entrar a la Academia de San Carlos, cuando sus padres se mudaron a la Ciudad de México.
Uno de sus maestros en esos días era Don Miguel mata, que en 1837 fue el titular de la cátedra de dibujo. Mata enseñaba a unos cincuenta estudiantes, entre los que figuraba Juan Cordero, que con el maestro inicio unos estudios de pintura imbuidos de clasicismo académico. Era tal la devoción del profesor Mata por la enseñanza que muchas veces puso de su propio bolsillo para aliviar la penosa situación económica de la Academia. Mata descubrió las cualidades del joven Cordero y lo insto a viajar a Roma para estudias pintura, pero su familia no tenia recursos suficientes, por lo que el joven comenzó a viajar por pueblos de baratillero, pasando hambres y miserias con tal de reunir la suma suficiente para realizar su sueño, sus padres por su parte, vendieron cuanto valor poseían, entre ellas su mas cara posesión familiar: un piano.
Respaldado por el apoyo de su familia Juan Cordero se embarco en 1844 rumbo al viejo mundo. En Roma tuvo grandes dificultades económicas, pues el dinero tan duramente conseguido se esfumo pronto, en Italia conoció al ex presidente de Mexico Anastasio Bustamante que se encontraba en el exilio en ese entonces, que se mostro interesado en joven estudiante y logro que en noviembre de 1844 fuese nombrado agregado de la legación mexicana en Roma, con lo cual a pesar de ser poco, pudo inscribirse en la Academia de San Lucas con el maestro natal De Carta.
De Carta se entusiasmo con la fuerza y los avances del joven mexicano que pronto se convirtió en su alumno favorito. Cordero se enfrasco cada vez mas en la estética imperante en San Lucas y paulatinamente se olvido del clasicismo aprendido en México.
Otro maestro importante fue Filipo Agricola, que proclamaba los estrictos cánones de la estética purista, mezclados con un reflejo del futuro realismo, en el ámbito de una admiración rafaelista y una indefinida espontaneidad, aunque el origen había sido un neoclasicismo que, al cabo había evolucionado.
La influencia de Agricola, de los nazarenos, y la admiración que Juan Cordero sentía por Rafael, se reflejaron pronto en sus primeras obras.
En 1846 Juan Cordero obtuvo el primer premio en el concurso de pintura de figuras que se celebraba cada año en San Lucas y en que participaban todos los alumnos y maestros de la Academia.
En ese mismo año envía a México varias de sus pinturas, para que su familia y su maestro Mata constataran los progresos que había alcanzado.
El padre de Juan Cordero entusiasmado, solicito a la junta de gobierno de la Academia de San Carlos una de las pensiones que esta otorgaba para los mas destacados estudiantes de arte. Tras una serie de trámites y por votación unánime, la beca le fue concedida y el pintor obtuvo una pensión que garantizaba seis años de aprendizaje y estudio en Roma. Año tras año De Carta escribía a México notificando los avances de su discípulo en Roma, Florencia y otras ciudades más. En 1846 De Carta escribía “No dudo que dentro de poco el señor Cordero llegue a ser un excelente artista que de mucho honor a su patria y a si mismo”.
En 1847 estudiaban escultura en Roma dos mexicanos Tomas Pérez y Felipe Valero, de quienes Cordero hizo un retrato (retrato de los escultores Perez y Felipe Valero), donde se hacen notorios los rasgos mexicanos como la tez morena y labios gruesos, de digno porte y fuerza de carácter. El cuadro deja ver las corrientes estéticas del momento en Roma: rechazo del neoclasicismo y la inclinación hacia las metas del romanticismo.
El anhelo de identificar belleza y verdad, según el sistema de idealismo trascendental (1800) del filosofo alemán Friedrich Schelling (1775-1854), considerado el filosofo del romanticismo, aparece en la tela de Juan Cordero, que une la composición el fino retrato anatómico y el colorido, como respuesta al anhelo del idealista alemán.
Los “puristas” a su vez encabezados por el pintor Tomasso Minardi (1787-1871) y el escultor Pietro Terani (1789-1869), habían publicado en 1841 un manifiesto (redactado por el pintor y escritor Antonio Bianchini (1803-1884) en donde se afirmaba: “la pintura debe tener un carácter mas moral y religioso”. Cordero tenia en 1847 una avidez de conocimiento y realización inimaginables y respetaba a puristas y nazarenos por igual. En algunas obras se dejo llevar por la corriente que exigía el tratamiento de temas religiosos; a finales de 1847 pinto una Anunciacion y en 1848 Moises en Rafidim, asuntos ambos sugeridos desde México por Pelegrin Clavé (1811-1880) director durante veintiún años de la Academia de San Carlos, a donde Cordero tenia la obligación de mandar periódicamente algunas de sus obras, requisito para no perder su pensión.
Para 1849 San Carlos en pleno auge, recobrada de las penurias de los postreros años, y había a organizar exposiciones anuales con las obras de maestros y alumnos. Un año después, el público de la capital pudo conocer las obras de Juan Cordero, cuya pericia y fama eran ya reconocidas.
En 1851 Cordero envió a  México un enorme cuadro, con cierta prudencia y gran audacia al mismo tiempo, que habría de convertirse en un parteaguas en la historia de la pintura y que había causado conmoción en Italia. El enorme cuadro que fue presentado en la tercera exposición de San Carlos, a finales de 1851, fue Colon ante los Reyes católicos, la crítica y el público admiraron la obra con interés y emoción inauditos. En el ambiente artístico italiano ya se había reconocido la importancia de la obra, que rendía culto a la grandeza humana y las acciones de los hombres que forjan la historia. La obra fue expuesta en el palacio del príncipe Poniatowski con honores, en Florencia. En México, el periódico El Siglo Diez y Nueve se daba la noticia: “con la mas grande satisfacción anunciamos a nuestros lectores: el señor Cordero ha sido nombrado por unanimidad de votos Pittore virtuoso”. El maestro Filippo Mercuri, de San Lucas comento sobre el cuadro: “Sea para loa de Cordero, que así ha pagado una porción mas que viril de la enorme deuda que para con el glorioso y mísero genovés tiene no Génova, Italia, sino el mundo.”
La critica demostró su franca simpatía y admiración por Cordero, tanto asi que se comenzó a insistir para que el director de San Carlos, Pelegrim Clavé, impulsase este tipo de pintura histórica en la Academia.
Ante la presión publica, Clavé mismo pinto La primera juventud de Isabel la católica a lado de su madre enferma. Para no comprometerse no presento un tema estrictamente americano, a diferencia de Cordero se había salido del camino trillado con su tema americano, con este cuadro Clavé reafirmo su calidad y prestigio y calmo la critica, pero con ello también inicio una rivalidad con Cordero que se manifestó plena, abierta y violentamente cuando el artista mexicano regreso a su país.
Cordero realizo una gira de practicas que lo llevo a Padua, Florencia, Bolonia, Venecia y Ferrara; luego viajo por algunos países europeos, sus apuntes y bocetos puede que formen parte de alguna colección privada, o bien que se hayan destruido, en sus cuadros Napolitanas y La Mora se hace evidente la presencia de una bonita italiana, Maria Bonanni, que poso para el.
En 1853 visito Paris y luego Madrid  antes de regresar a México y traer consigo el cuadro El Redentor y La mujer adultera, obra de grandes dimensiones, antecedente innegable de los murales que ejecutaría luego, cuando el cuadro se exhibió en la cuarta exposición de San Carlos, el catalán Clavé se dio cuenta del difícil adversario que tenia enfrente. Al regresar a México le ofrecieron la subdirección de la Academia de San Carlos a lo cual respondió con una misiva, rehusándose por la rivalidad que tenia con Clavé, de manera muy cortes.
Entre acusaciones mutuas entre Cordero y Clavé, Cordero se decidió a buscar la dirección de San Carlos, animado por sus triunfos en Europa, se acerco al general Santa Anna, presidente de la República en ese momento.
Cordero hizo un retrato ecuestre de Santa Anna y el presidente ordeno el retiro de Clavé de San Carlos y que se instalara Cordero en su lugar, sin embargo los miembros de la academia no cedieron ante la presión y el catalán siguió en la dirección varios años mas. Cordero realizo un retrato de la esposa de Santa Anna Retrato de Dolores Tosta de Santa Anna, en donde es notable su lenguaje propio de brillantes y colorido exacerbado, estético y no abigarrado.
Con entusiasmo y dedicación absoluta se puso a pintar frescos desde 1855, en la iglesia de Jesús María, en la capilla de Cristo de Santa Teresa la antigua  y en la cúpula de la iglesia de San Fernando. Y docenas de pinturas de caballete, sobretodo retratos que le encomendaban en sus viajes por el interior del país. Hizo tantas obras que su producción desmereció, aunque en poco tiempo pudo formar su patrimonio.
En 1860 realiza el retrato de su esposa  Retrato de Doña María de los Ángeles Osio de Cordero que resalta por el realismo y calidad propios del siglo XIX, a la talla de Ingres por ejemplo. En 1865 Cordero se dejo llevar por el romanticismo y pinto La mujer de la hamaca o del quetzal, en un ambiente selva exótica y La sonámbula, teatral composición donde la única fuente de luz es la vela.
Cordero salió del estilo clasicista hacia una orientación modernista debido a la influencia de su amigo Gabino Barreda, impulsor del positivismo en México, y a quien realizo un retrato, en quien se inspiro en 1874 para realizar un mural de tema filosófico en La Escuela Nacional Preparatoria llamado Los triunfos de la ciencia y el trabajo sobre la envidia y la ignorancia, por el cual no cobro nada, y que fue elogiado por el presidente Juárez, y que fue destruido en 1900 por el director Vidal Castañeda y Najera.
Luis Monroy y Juan Cordero realizaron dos versiones de un tema sobre una historia americana escrita por  FranÇois René vizconde de Chataubriand, un desnudo femenino  con tratamiento original y romántico llamado La muerte Atala de en forma de equis, alejándose de las composiciones tradicionales horizontales.
En 1875 exhibió Stella Matutina y un cuadro con retratos: Las hijas de Don Manuel Cordero, con lo que fue su última aparición pública.



















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